Gran Caffè Gambrinus O El Elegante Café Napolitano Desde 1860

 

Me encantan los viejos cafés de las ciudades donde han pasado tantos buenos momentos las personas que los han visitado a lo largo de los años.

A escasos metros de la Piazza del Plebiscito, entre el Palacio Real, la iglesia de San Francisco de Paula y el Real Teatro de San Carlo, en la Via Se encuentra este hermosos café, tienda y salón restaurante.

El nombre procede del rey de Flandes Joannes Primus, inventor de la cerveza. 

El café se inauguró en 1860 por Vincenzo Apuzzo. Fue treinta años después cuando el arquitecto Antonio Curri rediseñó el espacio en estilo Liberty.

Fueron muchos los personajes célebres frecuentaron este café: Gabriele D´Annunzio, Oscar Wilde, Ernest Hemingway, Sissi (probó su helado de violetas), Sigmund Freud, Matilde Serao (famosa escritora napolitana), Benedetto Croce, 

el ídolo napolitano Maradona...

Se cerró en los años 30 porque allí se reunían grupos antifascistas opositores a la dictadura de Mussolini.

Tuvo épocas malas, hasta 1973 en que sus actuales dueños, la familia Sergio, hicieron que recuperara su antiguo esplendor.

El café lo llevó a la corte napolitana la reina María Carolina de Austria casada con el rey Fernando de Borbón.

Tienen todos los tipos de café imaginables: espresso, strapazzo (con crema de azúcar y cacao), brasiliano (con crema de azúcar, leche y cacao), capuccino, macchiato (café con leche), nocciola (café con crema de avellana), afogato (ahogado con helado)...

En sus vitrinas puedes contemplar todos los surtidos de bollos, pasteles y especialidades napolitanas  (pastiera, sfogliatella, babá...) 

e italianas (corneto, cannolo, costratina de fresas, zeppola, maritozzo...)

También aquí se observa la costumbre del Café Sospeso (pendiente o suspendido). Consiste en pagar tu café y alguno más que se convierten en "pendientes" para alguien que no pueda pagarlo.

En un recipiente a la entrada se deja el ticket del café pagado y alguien con pocos recursos puede pedir un café. La idea surgió aquí en Nápoles a manos de obreros que celebraban algo y dejaban un "caffè sospeso" para quien lo necesitara.

Nosotras fuimos por la tarde-noche y nos apetecía una cerveza que nos sirvieron con unos aperitivos de acompañamiento.

Estuvimos en la terraza para no esperar la larga fila de entrada al salón interior.

Estuvimos muy a gusto pues también había unas estufas para resguardarse de la fría tarde napolitana.

En la bajada al baño las escaleras eran de lava volcánica:

Una chulada de café que es también una visita en si misma.

El edificio llama la atención tan imponente con su café señorial que ocupa gran parte de la planta calle.


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