La idea que plantea este local con encanto, amable, rústico pero con toque, es transmitir cariño en cada gesto, como las madres y abuelas.
En la Via Maria di Constantinopoli 103, 80138 Nápoles, nos vino a buscar este restaurante.
Subíamos al museo Arqueológico y nos gustó su terraza con mesitas tan bien puestas. Dijimos que, si al salir del museo continuaba abierto iríamos allí a comer.
Es una cocina no hecha para impresionar sino para el disfrute y el bienestar. Las abuelas respetan el mercado y con los productos de cada temporada transforman algo sencillo en algo único (e irrepetible).
Nos sentamos en el interior, en una bonita sala repleta de vinos y cuadros con una hermosa barra lateral con bandejas metálicas colgadas.
Suelos de cemento pintado, caminos de mesa de cuadros rojos y blancos y jarroncitos con siemprevivas.
Pedimos como entrante o antipasti una especie de Croqueta llamada Crocche' e mallone (3 €) elaborada con patata y una verdura y provola filante. Deliciosamente crujiente.
El Calamar Relleno (16 €) es una receta napolitana sencilla. El cefalópodo está relleno de escarola guisada con alcaparras, aceitunas y pan duro.
Se cubre con crema de mozzarella y tinta de sepia y se acompaña de escarola salteada. Me encantó su sencillez y originalidad.
El Sartú de arroz (15 €) es un clásico de la cocina casera napolitana. Es un timbal de arroz rojo cocido con forma de corona en cuyo interior lleva un ragú de carne en salsa de tomate, guisantes y grana padanno rallado.
El vino rosso por copas nos acompañó. Un Greco di tufo Néstor.Una delicia.
Culminamos la comida con un postre llamado Recuerdo de una pastiera (5,5 €) como homenaje a la tradición napolitana pero que se come con cuchara. La crema de cítricos con crumble de galletas de almendra y las tiras de pasta frolla por encima. Muy rica.
La camarera era amabilísima y estuvo chalando con nosotras un rato pues la sala se vació por la hora. ¡Muy recomendable!
Aquí tenéis unas fotos de la misma calle napolitana.

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