En 1972 se ordena la salida de las vacas de la ciudad de Madrid y con este decreto, el cierre de las Vaquerías en los barrios del centro.
Aquí se encontraba este despacho de leche recién ordeñada que regentaban unos montañeses (así llamaban a los cántabros que venían a la capital con sus vacas). Se reconvirtieron en ultramarinos.
En la C/Blanca de Navarra, 8, Chamberí, 28010 Madrid, se encuentra este precioso local a pie de calle con una decoración moderna y minimalista, abierto en el año 2000.
Las mesas finlandesas diseñadas en los años 50 por Tapiovaara, laas sillas Ton hechas a mano, las lámparas Ronan & Erwan Bouroullec que son como lianas caídas del techo...
Las fotografías en b&n en las paredes de María Gorbeña, Pablo Zamora y Kito Muñoz...
Nosotros nos sentamos en el banco Love Bench de madera con las mesitas redondas de STUA y comimos con una vajilla francesa Jars de cerámica que es una preciosidad.
Salieron en 2023 en "The New York Times" dentro de una ruta "36 hours in Madrid" y no es para menos.
Pues después de mirar con pena este espacio tan singular, nos cuentan que es la última semana de servicio pues cierran.
No porque les vaya mal (han sobrevivido a la pandemia y a la crisis), sino porque rehabilitan los edificios de la calle y no saben si después habrá local, viviendas o el alquiler será inasumible.
Quedaban pocas cosas en carta de sus especialidades: nada de rabas ni de pescados traídos de la lonja de Santander.
Nos sirvieron un paté vegetal con pan tostado delicioso como bienvenida.
Así que, nos conformamos con lo que había. Empezamos con una ensalada de 5 tomates con taquitos de queso fresco de los Tiemblos y pesto especial Angélica (23 €):
Estaba impresionante, no podíamos empezar mejor.
Las croquetas ese día eran de jamón con leche de pasto y mantequilla de Liérganes (18 €):
Y finalizamos compartiendo también los Escalopines de ternera eco de una ganadería cántabra en los Siete Valles (23 €):
Con dos copas de vino Mazas roble de Toro brindamos por el éxito de nuevos proyectos (que los habrá). Nos invitaron al vino como detalle de despedida.
Terminamos con una tarta de queso a la antigua usanza, riquísima (8 €).
Una cena inolvidable a la luz tenue de la nostalgia. Una pena el cierre.
PD: Nos enseñaron el comedero de las vacas que estaba donde se encuentran las bombonas.
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