La cocina francesa siempre ha sido el culmen de la elegancia y sofistificación en el mundo.
En este siglo le ha ido ganando la carrera nuestra cocina española, tan mediterránea y a la vez, tan cantábrica con miles de platos exquisitos.
Pero, de vez en cuando, apetece ir a degustar unos platos clásicos franceses, contundentemente cocinados con mantequilla a la manera tradicional.
Por eso fuimos a comer a La Esquina del Real atraídos por un descuento del 30% en El Tenedor.
Realmente el reclamo era global. Nada más abrir la carta vimos que el descuento se aplicaba a todos los clientes y los precios estaban muy abultados para compensar el descuento.
El restaurante es bonito, tiene encanto en su edificio del Madrid de los Austrias en la C/Amnistía, 4, Centro, 28000 Madrid.
El comedor de ladrillo visto con objetos de anticuario que le dan el aire francés y la música francesa de fondo a tono.
Nos pusieron pan y aperitivo (a la friolera de 12,60 € por cuatro personas) mientras mirábamos la carta.
Era una especie de tapenade o crema de aceitunas con atún:
Comenzamos con los inexcusables caracoles o escargots con ajo y mantequilla (18,77 €), ricos y sin concha para facilitar la labor. Creo que venían una docena.
Estaban ricos, claro, para las personas que disfrutamos con los caracoles.
La sopa de cebolla era otra petición fija (17,85 €). Un plato sencillo de la cocina francesa que tenía un precio propio de París.
También quisimos probar las mollejas y riñones en salsa de vino, llamada Fricassé al romero (19,58 €). Me gustaron mucho, un plato difícil de encontrar.
Tras el inicio de picoteo, cada uno tomamos un plato. Las codornices empanadas ((18,14 €) fueron mi elección. Estaban semideshuesadas y me encantaron.
La dorada Alain Girod (18,93 €) fue otro plato, esta vez de pescado:
Y los chicos se decidieron por el Faisán asado al horno (21,64 €), muy elegante:
Y el solomillo de ternera (28 €) a la pimienta verde con la guarnición de patatas cocidas, que cobraron aparte a 7,27 €.
Acompañamos tan opípara comida con un vino francés, como no podía ser de otra manera.
La elección fue un Burdeos Château Virecourt muy fino (26 €).
El servicio se demoró mucho entre los entrantes y los segundos. No teníamos prisa, pero el desfase hace que el apetito vaya disminuyendo por estar saciado con los entrantes (el cerebro necesita tan solo 20 minutos para acabar con la sensación de hambre desde el primer bocado).
Para terminar decidimos probar la Tarte Tatin flambeada al Calvados (6,38 €) que estaba muy rica.
Los baños diminutos con un toque chic:
Conclusión: una comida estupenda, pero con unos precios demasiado caros.
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