En el Mercado de San Fernando, en pleno Lavapiés, los puestos se remodelaron en 2016 para acondicionarlo como mercado gastronómico y frenar el problema de falta de clientela de los mercados de abastos con la gentrificación de la población.
No es un mercado tan pijo como el de San Miguel. Resulta más normal, más popular y también más auténtico y ruidoso.
Nosotros nos acercamos un domingo de Rastro y estaba repleto de público. Tuvimos que esperar incluso un rato en la puerta hasta que saliera gente del abarrotado mercado.
Fuimos a tiro hecho porque mi hijo Nacho ya conocía este puesto.
Es una carnicería asturiana y en ella te despachan unos montados, bocadillos o raciones con el corte de carne que elijas y te la preparan a la plancha.
Elegimos solomillo, secreto o carrillera y te lo ponen en un pan crujiente con un vino de la casa o cerveza a un imbatible precio.
No aceptan tarjetas, así que, lleva efectivo o te quedas sin zampar.
También tenían torreznos, pero será para otra ocasión la cata.
Sólo hay un par de mesas enfrente del puesto, de manera que te tienes que conformar con ese angosto espacio y comerlo de pie a pulso.
Está delicioso con su sabor a ajo y recién hecho. Una delicia.
Un planazo de domingo: Rastro, tapas, raciones y terracita.
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