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martes, 24 de enero de 2017

Cañadío En Madrid


El 23 de enero es mi cumpleaños y el rito desde hace muchos años es que Luis me invite a cenar. Antes de que las redes sociales, las cámaras de los smartphones y toda esta locura invadiera mi vida, ese día era el destinado para ir a conocer algún restaurante especial. 

Así pude comer en Santceloni, en La Broche de Sergi Arola, en Nodo de Alberto Chicote y otras magníficas casas que no pudieron ser inmortalizadas porque no se estilaba esto de fotografiar la comida y a nosotros no se nos ocurría ser tan pesados y "catetos".

Este año, al cumplir 49 años (me siento muy orgullosa de mi edad pues me encanta cumplir y jamás la oculto, muy al contrario), Luis me llevó a Cañadío, la sucursal de la casa madre santanderina sita en la C/Conde de Peñalver, 86, 28006 Madrid.


Pertenece a los mismos dueños de La Maruca, La Bien Aparecida y La Primera, todas ellas en Madrid.

Su carta mezcla la tradición con la vanguardia, con productos de primera, emplatados bonitos y platos, raciones (o medias raciones) o pinchos muy ricos y vistosos.

Luego hablaré de su maravillosa tarta de queso, que está para ponerle un piso....

Mientras decidíamos la comanda, sentados en la planta de arriba (abajo tienen la cocina vista) en una mesa con mantel y servilletas de hilo blanco impoluto -a mi me encantan esos detalles-, nos trajeron de tapa unos buñuelos de bacalao y un gazpacho de aceitunas verdes que ya anticipaba lo que se avecinaba.


Pedimos los Buñuelos de merluza en tempura con Suave Alioli y el Corte de foie y queso con trufa. Mientras venían nos trajeron otras deliciosas croquetas de bacalao con patatas paja, cortesía de la casa...


Solo deciros que estaban deliciosas, sin una gota de grasa de exceso y un sabor suave y delicado.


Y la merluza en tempura:


Tras los entrantes nos decantamos por unas Manitas de cerdo deshuesadas rellenas de cigalas con salsa vizcaína:



Y yo, que soy una entusiasta del rape, pedí el Rape Cañadío, a la plancha, con una salsa de mejillones que estaba, sencillamente sublime.


Todo ello regado por un blanco Riesling que te pueden servir por copas.

No quisimos irnos sin probar la joya dulce de la corona: Tarta de queso con helado de canela y galleta de caramelo:


Estaba de auténtico delirio; su textura semilíquida, casi como un flan, recién hecha y su dulzor justo sin saber a queso más que lo necesario hacen de esta tarta una imprescindible para los amantes de la tarta de queso.

El servicio impecable. Atentos, pendientes y encantadores.

Precio: 45-50 euros por persona con vino y postre. Si coméis de raciones o pinchos es más económico, claro, pero la calidad hay que pagarla y está justificado.

Yo desde luego, me voy a dar una vuelta por su carta...

PD. VISITA 2 de tapeo en la barra. Por fin pude probar sus excelsas Albóndigas de atún y calamar,


Y sus rabas de calamar recién fritas:


Una barra de excepción en Madrid:

Pinchos en la barra
PD: VISITA 3 con los chicos a celebrar que Álvaro aprueba la EvAU. Yo pruebo su maravilloso Tartar de atún:


Y los chicos prueban la carne en forma de Steak tartar de vaca, homenaje a Alberto Chicote:


Y unos escalopines rellenos de jamón y queso de Liébana con crema de boletus y puré de patata :


Luis repitió su plato fetiche de manitas deshuesadas rellenas de cigala. De postre pedimos la sublime tarta de queso, pero añadimos la Torrija de brioche caramelizada con helado de canela:



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