En el año 1734, en el reinado del primer Borbón Felipe V, tuvo lugar un terrible incendio que hizo que desapareciera el alcázar-palacio de los Austrias. La corte, entonces, estaba instalada en el Palacio del Buen Retiro (hoy inexistente).
En su lugar se acometió la construcción de un nuevo palacio, al gusto de los recién llegados Borbones. El arquitecto del nuevo palacio y director de obras fue Juan Bautista Sachetti. La construcción comenzó en abril de 1738, pero Carlos III no pudo habitarlo hasta 1764.
Obviamente, la cocina es la estancia más importante, aunque más escondida de un palacio.
La Real Cocina ocupaba todo el lateral del primer sótano de palacio y se accedía a ella por la Galería del Ramillete o de Persianas pues aquí se guardaban las persianas de la planta noble del edificio durante el invierno.
Te enseñan en visita guiada un tercio de las estancias dedicadas a la cocina.
En 2014 se acondicionaron los espacios y piezas necesarios para abrir un museo público que es lo que se visita hoy, aun que el aspecto actual precede del resultado de las reformas acontecidas entre 1760 y 1931 para adaptarse a las necesidades de cada época.
Se accede por una estancia en la que se ubica un montaplatos que transportaba los alimentos cocinados hasta la planta noble. El elevador original funcionaba con agua a presión, pero fue sustituido por uno eléctrico en 1911.
La primera estancia es la Sala del Ramillete, llamada así por la forma de los moldes con los que se elaboraban los pasteles, dulces, bizcochos, compotas, bebidas calientes y frías...
Se encuentra el horno del ramillete de 1844 y la gran Cocina Económica con su caldera de cobre sobre las hornillas en las que se elaboraban los flanes y otras preparaciones al baño María.
Hay piezas de tiempos de Alfonso XII y moldes en los anaqueles y la mesa central, así como chocolateras pues era una bebida muy popular en la Corte española.
Muchas piezas proceden de los palacios de El Pardo, Aranjuez, La Granja y El Escorial pues trasladaban también las piezas cuando se retiraban a otros palacios en diferentes épocas del año.
La siguiente sala es el taller de Repostería en la que se elaboraban los helados y los huevos de Pascua.
Mirad qué heladeras tan bonitas en las que se depositaba la nieve y en un cilindro en su interior se añadía la mezcla para hacer el helado:
Hay nombres sobre los dinteles de las puertas que marcan la Cocina de Estado y el Ramillete del Rey. Así distinguían zonas de preparación de comidas para los funcionarios del Estado y las zonas específicas para la mesa del Rey y la familia real.
La siguiente sala es la Antecocina, cuya función era el lavado, cortado, despiezado y precocinado de los alimentos. Dispone de dos grandes mesas centrales para que dos grupos de cocineros pudieran trabajar de forma simultánea.
Hay piezas chulísimas como la pila de lavada alicatada o Legúmier que cuenta con baldas en la parte superior para hacer de escurridores.
También está el taco de madera con la veta perpendicular a la superficie para los cortes limpios y sin soltar astillas... Las máquinas de picar carne y hacer embutidos como chorizo (foto de arriba).
Hay fresqueras, armarios o la magnífica primera nevera de puertas de madera en la que se depositaban los bloques grandes de hielo para enfriar los alimentos.
También en esta sala se encuentra el despacho del Cocinero Mayor. Desde el siglo XVIII esta figura se encomendaba a un francés o, si era español, debía contar con formación francesa.
La última sala grande de la visita es la Sala de Fogones.
Aunque originalmente fue Sachetti el que diseñó las hornillas de albañilería en las paredes, las nuevas tecnologías propias de cada época hicieron que se instalaran mejores cocinas que permitieran hacer más fácil y rápida la labor de cocinar.
Hay dos cocinas económicas en la sala. La más antigua es de tiempos de Isabel II y la más moderna se instaló en 1906 para la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
En 1878, para la boda de Alfonso XII con María de las Mercedes de Orléans, se adquirió el asador grande o Grande Rôtisserie y la parrilla Grand Grilloir Fumivore de la segunda sala.
La última estancia de la visita fue el Cuartón o almacén principal de los accesorios del horno.
A partir del último cuarto del siglo XIX se adaptó como Cava o botillería para almacenar las bebidas.
Durante la 1ª República, se vendieron o subastaron los vinos y no quedan ejemplares de la antigua bodega. Las botellas, además, iban sin etiqueta salvo la DO, para evitar la publicidad que daría a la bodega ser suministrador de la Casa Real.
También hay un barril de cervezas Mahou y un tablero con carteles para el almacenaje de los vinos.
Menús de importantes celebraciones, cajas para transportar la plata y cubiertos, botellas de la boda de Felipe VI...
Una visita preciosa, explicada con mucho detalle y con anécdotas y que resulta muy interesante por mostrar la parte más cotidiana de la vida de un palacio
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