Sofía y Carlo Luppi son los artífices de esta heladería amable y divina en la que degustar unos sabores increíbles de helados.
Los helados son 100% artesanales con alma italiana y con la peculiaridad de usar azúcar de uva en lugar de azúcar invertido para que el dulzor no sea artificial.
Me acerqué al local de la calle Alcalá, 144, 28009 Madrid, donde tienen unas mesas con sillas para sentarte y degustar el helado tanto dentro como fuera, en la terraza.
En la web dice que está reconocido por un Solete Repsol.
Costaba elegir entre tantas delicias. Esta vez me decanté por dos clásicos.
Estaba un poco tristona y el chocolate negro siempre levanta el ánimo. La otra bola era de vainilla con toque cítrico.
Pregunté qué era eso de Crema de café y, al contestarme la chica amabilísima que atendía diciendo que era como un granizado cremoso, me puso uno sin yo pedirlo.
Una vez puesto no pude dejar de tomarlo. Me gustó muchísimo.
Tendré que ir más a menudo para ir probando el repertorio de sabores.
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