La cocina gallega es una de las más aclamadas en España por la calidad del producto y sus sencillas pero increíbles preparaciones.
Agarimo es una palabra gallega que significa "cariño, afecto o ternura" y es un restaurante-taberna localizado en el barrio madrileño de Chamberí.
En la C/Bretón de los Herreros, 27, 28003 Madrid, se encuentra este local con aires marítimos en blanco y azul y pinturas en la pared en el que te sientes acogido enseguida.
Dos tanques de Estrella Galicia te saludan nada más entrar.
Está mencionado en la Guía Michelin y en la Guía Repsol y eso es una garantía de calidad.
Ellos defienden una cocina sencilla pero de impacto, con preparaciones con cero desperdicio y en la que se incluyan las mermas para cocinar sus platos.
Nos recibieron con una mantequilla de pimientos muy delicada para untar en su pan (3,5 € ).
Pedimos dos copas de blanco Fraga da Corvo (5,50 €)
Nos acercamos a probar su aclamada Tortilla de patatas con manitas (19 €) elaborada con tres huevos de corral y el guiso de manitas muy fino.
Estaba muy rica, notabas la melosidad de las manitas y el toque crujiente de las patatas (¿serían de Bonilla de bolsa?).
Antes de la tortilla nos sirvieron una ostra con salsa de pepitoria de pollo (5,50 €) que estaba de escándalo.
La tosta de anchoa 00 (es el calibre premium de la anchoa de Santoña) con queso azul sobre sobao (7 €) estaba estupenda. La reproduciré en casa.
No podía faltar la Croqueta de cocido gallego con emulsión de grelo (4 €/unidad), muy original y valiente:
Y el Buñuelo de zorza y coronado con puntilla de huevo frito (6 €/unidad): sublime.
Todo lo que probamos estaba riquísimo. Buen producto y buena elaboración.
No podíamos dejar de probar sus postres. Se entretuvieron un poco, no sé qué les pasó pues el restaurante se empezó a llenar y se despistaron.
El llamado Flan con gotas de licor café y chantilly de café (8 €) y la tarta de Santiago con crema de orujo y helado de dulce de leche (el mismo precio) fueron nuestras elecciones dulces.
El café solo, también en su vajilla de Sargadelos puso fin a nuestra opípara y espectacular comida.
Nos quedamos con ganas de pedir otras cosas en la carta, así que, volveremos cien por cien.
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