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viernes, 14 de julio de 2017

Bibo Dani García En Madrid


Por fin pude acudir a probar la oferta madrileña de Dani García, el chef dos estrellas Michelin que desembarcó hace unos meses en la capital para conquistarla.

La foto del globo aerostático que pende sobre la barra refleja la cocina viajera de Dani García, que desde Andalucía fusiona cocinas a través de unos platos cuidados y cosmopolitas.

En pleno centro de Madrid, en el Paseo de la Castellana, 52, Lázaro Rosa-Violán ha creado un espacio luminoso con 7000 bombillas en sus paredes que recrean la Feria de Málaga. Desde que entras en el local ya empiezas a viajar...

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Nos sentamos al lado de la magnífica escultura del Rey de la Casa: el atún. Un atún rojo gigante es el emblema o fetiche de este chef andaluz.


Al fondo se puede ver su impresionante cocina en plena ebullición.

Su carta es amplia, cuesta mucho decidirse, pues hay infinidad de platos de todo tipo que no traicionan la esencia de Dani García.


Mientras tomábamos una cerveza helada, con unos chicharrones con mayonesa de tapa, leímos, mejor dicho, nos empollábamos la carta. También nos sirvieron un pan esponjoso con tomate y con mantequilla D´ Isigni (¿recuperamos el pan con mantequilla del inicio de una comida al uso de los años 80?). 

Nos ayudaron Meli (mi hermana) y Nacho (su marido) que ya habían tenido la fortuna de acudir a cenar en otra ocasión.


Había unos clásicos de la casa que eran ineludibles: el Gazpacho de cerezas con nieve de queso fresco, anchoas, pistachos y albahaca


Y la ensaladilla rusa con huevos de codorniz, al estilo andaluz, con patata machacada, mayonesa de aceite de oliva virgen extra, ventresca de atún y seis huevos de codorniz al ajillo. Muy rica.


El orden en el que van saliendo los platos es una incógnita. Me imagino que según van saliendo de cocina te los van haciendo llegar, como en una taberna. 

Tras el gazpacho llegó el que para los cuatro fue el plato estrella de la noche. La medalla se la llevó el Tartar de atún rojo de almadraba ahumado, un delirio en forma de ventresca de atún de almadraba con soja, sésamo y yuzu (un cítrico de Japón parecido al limón). Lo traen en un fanal recién ahumado y no hay palabras para describirlo... hay que probarlo.

Momento en el que se levanta el fanal y emergen los aromas de humo del atún rojo
Como Luis detesta los crudos, pedimos otro plato con atún, una Tapa de atún mechado a la andaluza, con laurel y pan para mojar. Muy rico, con un sabor similar (en mi modesta opinión) al guiso de los riñones al Jerez.


También compartimos los Langostinos crujientes Robuchon, envueltos en albahaca y una finísima pasta filo.


Lo que menos nos gustó fue el Brioche Tostado de cerdo ibérico adobado, un mini perrito caliente relleno de lomo alto de cerdo al estilo de la cochinita pibil.


El apartado de postres es una pasada. mirad qué surtido tan atractivo:



Como soy una dulceira sin redimir, tendré que ir otro día a probar su cheese cake de queso Payoyo, que nos dio mucho juego durante la espera del postre... jajaja.

Pedimos el sol de Marbella 2017, una creación de crema de naranja y azahar muy fría envuelta en puré de almendras marcona y cubierta de un chocolate blanco y dorado con nubes de bizcocho. Muy delicado y rico:


Toda la cena estuvo regada con un blanco alemán de Mittelrhein, un Ratzenberger Caspar, R 2015. 

Precio: 45 euros por persona.

Muy satisfechos de la experiencia y con ganas de volver a dar otra vuelta a su carta.


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