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lunes, 5 de septiembre de 2016

MUTA Madrid: El Espacio Gastronómico Mutante



Hace ya tiempo que quería subir esta entrada y, mientras tanto, MUTA lleva ya desde su inicio brasileño otros dos ejercicios de imaginación y nuevas ideas en el campo tan competitivo de la gastronomía madrileña.



Javier Bonet, creador y artífice de Sala de Despiece, la barra más atrevida y loca de Madrid desde 2013, abrió justo enfrente este local de comidas efímero. Su propuesta varía cada cierto número de meses, manteniendo una cocina con plancha, una barra y unas mesas de embalaje que se transforman en cada nueva idea de Javier.

Su debut fue la cocina y coctelería de Brasil. Con una instalación que parecía de "atrezzo" se atrevió con un cajero automático dispensador del ticket de tu comida y/o bebida.

Aquí tenéis la máquina maravillosa que además permite no hacer colas en la barra y que los barman no anden con dinero.

La barra central:

El equipo preparando los combinados:




















Como veníamos de hacer  #ponzaning ya cenados, sólo probamos sus bebidas pero nos encantó la propuesta de un espacio transitorio o efímero pero en el que se reciclan los objetos y el mobiliario y en el que puedes probar diferentes cocinas cada cierto tiempo.

Piña colada




Caipirinhas muy ricas:

Azúcar!
























Dijimos: volveremos!! Y así hicimos para visitar MUTA Balear, tierra de donde procede Javier Bonet. Nos perdimos MUTA Norte de cocina gallega, pues el invierno pasado fue un horror en forma de pérdidas y duelo.


Carta 
                                                                                              











Queríamos picotear y nos propusieron sentarnos en una mesa disponible. Éramos seis comensales!!!

Pedimos una deliciosa ensaimada mutante con foie e higos caramelizada. Estaba de locura!



También probamos un Pica-pica de sepia guisada y ensaladilla rusa. Muy rico el guiso de sepia y contrastado con la frescura de la ensaladilla rusa.

Sepia y ensaladilla



















No podía faltar el clásico Tumbet mallorquín, una especie de musaka de calabacín, pero sin carne picada. Muy rico.

Lo que menos nos gustó fue un guiso de caracoles con costillas, había muchos caracoles vacíos y el guiso estaba un poco deslabazado.

Guiso de caracoles
















Para rematar el picoteo con un postre probamos una ensaimada helada rellena de sorbetes y una tarta Tropeziene.

Tarta de merengue, nata y crema

























La decoración del local con manteles de papel de lenguas mallorquinas o ikats y sus lámparas con platos de cristal y sus recicladas mesas de embalaje hacen de él un sitio acogedor.

Muy recomendable. Esperamos ansiosos la nueva mutación del local de Ponzano, 10.

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